Luego de
caminar unos metros, Nirgal se paró e invitó a sus nuevos compañeros:
-Bueno, creo
que tal vez deberíamos ir a la taberna de Jhonn, seguro puede decirnos algo, ya
que yo le hago zapatos y me debe dinero– comentó en voz alta el monje.
- Mientras
haya cerveza de por medio – acotó Qerkólo con una sonrisa.
Los tres se encaminaron a la taberna de Jhonn.
Nirgal se acercó al mostrador, mientras que el mago y el bárbaro se acomodaban
en una mesa.
- Hola,
Jhonn, ¿Cómo estás? - saludo Nirgal con una sonrisa que solo descubrió unos
grandes dientes que no lo favorecían en absoluto.
- ¡Eh! Hola,
Nirgal, ya te pago los zapatos que me hiciste, salieron muy buenos. Creo que
deberías poner una zapatería y abandonar ese “asunto” de la iluminación,
consejo de amigo... – dijo Jhonn con bondad.
Nirgal no
hizo caso al comentario del tabernero y continuó:
- ¿Sabes algo
acerca de lo que sucedió en el Puesto Este?
El cantinero
siguió secando las pintas de cerveza pensativamente, hasta que contestó al
final:
- Sí, un asunto
grave: al parecer vino un sujeto malicioso a la ciudad y robó una vieja
reliquia del alcalde. No tengo idea qué será, pero ya algunos conocidos me
comentaron que está como loco y es seguro que pondrá gente a buscar ese objeto.
¿Vas a tomar algo? ¿Tus amigos?
- Sí, sí,
danos tres pintas de buena cerveza – Nirgal recibió las jarras y se dirigió a
la mesa donde estaban Arion y Qerkólo.
- El buen
tabernero me dijo que un sujeto extraño entró a la ciudad y se robó una
reliquia del alcalde. Y parece que es grave – comentó despreocupado el monje.
- Corrección,
monje -dijo el bárbaro – un sujeto que ME ATACÓ y robó la reliquia...
Arion suspiró
impaciente.
Mientras
charlaban los tres, entró un guardia a la taberna y clavó un gran anuncio de
pergamino en una de las columnas de madera.
- ¡Me muero
por saber qué dice ese cartel! - exclamó decepcionado el corpulento joven.
- No me
extraña que solo tengas músculo y nada de cerebro – rió Arion despectivamente –
ya leeré yo – A continuación, el mago se acercó al anuncio, lo leyó rápidamente
y regresó a la mesa.
- Es una
solicitud de aventureros que quieran recuperar la reliquia perdida y dar caza
al tal Krull que atacó... Interesante... hay que presentarse en la Puerta Oeste
de la ciudad.
- ¡Yo quiero
participar! Así vengo ese ataque injusto de ese sujeto tan desagradable – gritó
el bárbaro mientras alzaba sus manos amenazantemente.
- A mí me
interesa también, los designios de Saint Cuthbert me obligan a castigar a
quienes cometen atrocidades -dijo el monje mientras cerraba los ojos.
- Yo no estoy
muy segura...-masculló Arion.
- No seas
cobarde, mago, sino ¿cómo ganarás gloria para ti mismo? -increpó el bárbaro con
una sonrisa socarrona.
Arion sólo le
dirigió una mirada cansada y siguió bebiendo su espumosa cerveza, mientras por
su mente pasaban pensamientos vengativos hacia el guerrero.
Después de
que terminaron de refrescarse con las buenas pintas de la Taberna de Jhonn, se
dirigieron a la Puerta Oeste. Ya era de noche y poca gente circulaba por las
calles de Kassen. Cuando finalmente llegaron se presentaron ante la ventanilla
del puesto de guardias.
- ¿Buenas
noches? -preguntó Qerkólo, mientras buscaba con la mirada alguien que los
atienda.
Después de
unos momentos, apareció un guardia rechoncho, mal afeitado y con la mirada
cansada. La armadura le quedaba un poco ajustada y se notaba el evidente
sobrepeso a través de las ranuras de metal.
- ¿Qué
necesitan a estas altas horas de la noche? - preguntó con gran desdén.
- Ejem... –
carraspeó Arion -Venimos por la solicitud del alcalde de aventureros para la
misión de recuperar la reliquia y apresar al bandido que la robó.
-
¡¡¡jajajajajaja!!! - se rió con estrépito el soldado, mientras sus abultadas
carnes se movían de un lado a otro -¿Ustedes? ¿Ustedes pretenden ir a la
misión?
Los tres lo
miraron con absoluto desdén mientras cruzaban sus brazos.
- Disculpen,
disculpen – dijo, mientras se secaba las lágrimas causadas por la risa – ya les
doy el formulario de inscripción así puedan anotarse.
- Una
pregunta, señor... ¿Qué beneficios nos reportará en caso de tener éxito? ¿Nos
brindarán dinero para financiar esta búsqueda? - preguntó Arion con seriedad.
- Mira, niña,
Kassen no es una ciudad rica, así que sólo les podemos ofrecer un poco de oro
para sus gastos, una que otra montura y raciones de carne seca. Y por supuesto,
si tienen éxito, serán cubiertos de honores y reconocimiento -respondió el
guardia rápidamente mientras agitaba su dedo índice frenéticamente. Luego les
extendió tres formularios para que se inscribieran y anotaran sus nombres.
Qerkólo miró
confundido el papel que le dieron, para él sólo era un conjunto de símbolos
confusos sin sentido alguno. Lo giró para un lado, luego al otro mientras
levantaba una ceja y torcía su boca en una mueca, luego se rascó la cabeza.
- ¿Qué pasa,
guerrero? ¡Ahhh! Cierto... No sabes escribir. -comentó Arion con una leve
sonrisa maligna.
- No...
-afirmó sumamente avergonzado mientras sus mejillas se teñían de un rosa violento.
- Sólo firma
con una cruz, muchacho– espetó el soldado mientras se apuraba en guardar los
papeles -Vengan por la mañana a retirar
las posesiones para el viaje.
Luego de
inscribirse para tan importante empresa, cada uno se fue por su lado: Qerkólo
se dirigió a su casa a descansar, durmiendo abrazado a su espada y a Osito Gur;
Nirgal se dedicó a meditar en el templo con profundos oms que hacían vibrar
todo a su alrededor; y Arion fue al santuario, donde obtuvo agua bendita para
realizar curaciones.
A la
madrugada, los tres se encontraron en la puerta del Puesto Oeste a la espera de
los elementos prometidos que los ayudaría en la misión. Luego de un rato,
apareció el guardia rechoncho y les dio un mapa, veinte piezas de oro, diez raciones de viaje a cada uno y tres
caballos: uno negro que lo tomó Qerkólo, el de color blanco Nirgal y el pardo
quedó para Arion.
Una vez que
obtuvieron todas las pertenencias, Nirgal dijo con su habitual tranquilidad que
lograba exasperar a Arion:
- Creo que
deberíamos ir al templo de Saint Cuthbert a preguntarle a mi maestro acerca de
los extraños sucesos, tal vez sepa algo, es viejo y sabio.
- Si, ¿por
qué no? -aceptó Qerkólo mientras se alzaba de hombros.
Se dirigieron
al viejo santuario de los monjes, una antigua construcción de piedra blanca un
tanto derruida que carecía de puertas pues los monjes tenían como filosofía que
el conocimiento y la sabiduría no debían tener obstáculos.
Ingresaron al
lugar y el interior era tan simple como el exterior, sin adornos: sólo paredes
blancas y pulidas que daban sensación de iluminación. En el centro había una
fuente redonda de roca gris con agua en su interior y al frente de ella se
hallaba un venerable monje meditando, envuelto en sus grises harapos.
-¿Maestro?
-llamó Nirgal con voz suave.
El anciano
abrió los ojos lentamente y esbozó una amplia sonrisa.
- Nirgal, mi
querido aprendiz, ¿Qué haces a tan tempranas horas?
- Maestro, he
venido al templo con mis compañeros a preguntar acerca de los extraños sucesos
que han pasado por nuestra tranquila ciudad -dijo Nirgal con gran preocupación.
- ¡Oh! sí...
es realmente terrible. Lo más grave, Nirgal, es que Krull fue un antiguo
aprendiz de Saint Cuthbert y desgraciadamente su alma albergaba la semilla del
mal, que brotó ante la menor insinuación de las fuerzas oscuras, me siento tan
decepcionado -relató en viejo monje con gran pesar en su mirada.
Los tres se
miraron desconcertados.
- ¿Y tiene
alguna información acerca de su destino? -preguntó Arion con sumo interés.
- Las aves y
los seres bondadosos nos hicieron llegar noticias de que tiene su guarida en
las Montañas Pardas, al este de aquí. Ciertamente hay que detenerlo, pues
sabemos que trama algo realmente malvado que nos afectará a todos -El anciano
parecía muy agotado y preocupado.
- Bueno, Maestro,
tal vez podamos hacer algo mis compañeros y yo -dijo Nirgal con esperanza.
- Ojalá así
sea, mi querido aprendiz, ve y cumple con los designios de Saint Cuthbert
-manifestó mientras palmeaba el hombro de su estudiante – te voy a brindar el
agua sagrada de la fuente de la sabiduría, bébela cuando necesites curarte -el
viejo monje se acercó a la fuente, guardó el agua sagrada en una pequeña
botella de vidrio y se la entregó a Nirgal.
- Muchas
gracias, Maestro. Espero poder cumplir con los propósitos de nuestro protector
– agradeció Nirgal mientras inclinaba su cabeza para recibir la bendición
divina de su piadoso guía.
Luego de
haber reunido esa valiosa información, se dirigieron a las afueras de Kassen y
entre los tres acordaron que irían a la Ciudad Templo antes de dirigirse a la
Montañas Pardas, seguramente los altos sabios de la ciudad sagrada les podrían
dispensar algún buen consejo divino.
Muy bueno!! me encanto lo de los oms qeu hacias vibrar todo jajajaaja
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