martes, 1 de marzo de 2016

de los diarios de Arion

  ¡A veces Nix puede ser tan demandante! Hoy decidió despertarme temprano y dejó un nido de plumas en mi cabeza, entre gorjeos y cariñosos picotazos. Oh, bien,  admito que adoro cuando hace eso, y por esa razón decidí entrelazar algunas de sus plumas  negras e iridiscentes entre mis cabellos, ¡el contraste es fantástico! Después de un buen desayuno salimos a buscar alguna información que nos llevara a la aventura, ¡pero mira lo que nos sucedió, mi curioso amigo! Un par de malolientes y definitivamente nada apuestos ladrones quisieron asaltarnos... gracias a mi querido Nix que los distrajo haciéndoles algo de daño, (¡benditas sean sus garras!) pude escabullirme y salir por un callejón hacia el centro de la ciudad.

  Mientras caminaba me iba acicalando, igual que mi pequeño amigo con sus plumas. De pronto  se me ocurrió la terrible idea de que no podría andar mucho tiempo sola sin que algo me sucediese en el camino hacia la aventura que tanto ansiaba. Sí, soy maga, puedo defenderme durante un corto periodo de tiempo... pero, ¿y cuando se me agotara la magia o estuviera a merced de más de un peligro? Por un momento se me cayó el mundo a los pies. Me paré a  sopesar mis opciones, a encontrar la forma más rápida y efectiva de evitar todos esos conflictos a futuro... cuando distraídamente miré hacia el frente y encontré algo muy grande, evidentemente una persona sentada del otro lado de nuestra fea y árida plaza principal, y me dije "¡¡claro, eso es, un guardaespaldas!!". Estuve tentada de correr a buscar a ese enorme individuo pero un buen contingente de viajeros, carretas y curiosos pueblerinos me empujaron hacia la posada y taberna más importante de la ciudad. No estuvo mal, de hecho, necesitaba entrar ahí. Dejé a Nix obedientemente esperando en el tejado y me aproxime a la barra, un poco menos sucia que de costumbre, supongo que el tabernero estaba contando con que llegarían viajantes y comerciantes a hospedarse en estos días.

  En cuanto se acercó la hija menor del tabernero para tomar mi pedido, noté cómo se sonrojaba (la niña siempre tuvo una especie de enamoramiento conmigo, es adorable) le dediqué mi más brillante sonrisa y le pedí un vaso de vino dulce, nada muy fuerte, ¡estamos de mañana! Y comencé a preguntarle de las novedades. Ella, tan servicial como siempre, me contó que escuchaba rumores, algo de una muchacha desaparecida, una gran ciudad (¿quizás sea Shetam?)... pero lamentablemente, nada que pudiera ayudarme, así que pagué la bebida  (que apenas si toqué), le guiñé el ojo y salí. Ni bien traspasé la puerta, sentí una mano tirar de mi ropa, y cuando me di la vuelta un tanto sorprendida, la niña puso las monedas con las que yo pagué en la palma de mi mano. Volví a sonreírle y ésta vez besé su frente, porque me resultó realmente adorable.Tan solo es una niña de 15 años, y yo le resulto extraña y encantadora, pude verlo en sus ojos, se estremeció y sonrojándose corrió de nuevo adentro, perdiéndose entre los clientes.

  Bueno... de ese atestado lugar no saqué mucho de interés, así que decidí recorrer la plaza en busca de algunas palabras en el viento, murmullos o bardos de lengua suelta (¡oh sí, les encanta hablar de más a esos embusteros, son tan peculiares!). A veces Nix sobrevolaba entre grupos apiñados de paisanos entretenidos con una canción o juego de algún pícaro tunante que aprovechaba para hacerse del dinero de las pobres personas, pero tampoco consiguió información que nos resultara útil.
  Caminando distraída llegué a una avanzada del bosque, y me llamó la atención una carreta que se alejaba a la carrera y sin miramiento alguno por los peatones. Acercándome un poco más entre los arboles vi algo extraño, un oscuro charco y un precioso perro ladrando y gimiendo al lado de un hombre tirado entre la maleza, de espaldas, no era un bonito espectáculo para pasar la mañana. Lo primero que pensé fue que algunos maleantes lo habían matado para robarle, pero observándolo con cuidado era demasiado grande y musculoso para que se les ocurriera atacarlo, ¡qué locura! Me acerqué un poco más para constatar que estuviera efectivamente muerto, ya que tenía un horrible tajo en su espalda, y el pobre perro que tenía al lado me ladraba frenéticamente. El pobre animal me dio mucha pena (el perro, por supuesto... ¿qué creías, lector entrometido?) y no me hubiese gustado que se quedara sin su humano. Así, le brinde una de mis pociones, procurando que devolviera el gasto de la compra. Oh, vamos, nadie le daría una poción a un total desconocido... ¡cuando se me ocurrió la genial idea de proponerle el puesto de guardaespaldas!

  ¿Quieres saber cómo es el extraño en cuestión? Bueno, es más alto que yo, creo que bastante, musculoso, sospecho que un bárbaro, pero no podría estar segura, sus ropas coloridas y extrañas me confunden. Podría haber sido apuesto, a su modo, interesante; pero tiene una fea cicatriz en su rostro y un pelo muy maltratado (¿supongo que será la ultima moda entre los bárbaros? Jaja) ¡y definitivamente su hermoso perro está en mejores condiciones de higiene que él! No parecía un hombre anciano, sino más bien joven, pero acostumbrado a las inclemencias del tiempo, con la piel curtida y un aro en la nariz (de muy mal gusto, si me lo preguntas).

  Ni bien abrió los ojos me llevé una grata sorpresa porque, aunque parecía asustado y un tanto perdido, también pude notar cierta bondad, quizás algo de buen corazón, detrás de toda esa salvajada (ugh) ¿y una nota peculiar de sus ojos? son amarillos... como los de un gato. Extraño en verdad, pero llamativo... ahora bien, comenzó a murmurar algo a su perro,  y como volviendo a la realidad me preguntaba acerca de una carreta, y un sujeto de nombre Krull... y yo sólo pensaba en como pedirle que fuese mi guardaespaldas para la aventura que estaba buscando.


  Y ahora es cuando la verdadera aventura comienza...