miércoles, 20 de abril de 2016

La Ciudad Templo y las Montañas Pardas

Las primeras luces del amanecer iluminaban el camino que los conduciría a la Ciudad Templo, una tierra donde confluían los altares de todas las religiones importantes de aquel mundo, un sitio desconocido para esta peculiar compañía de aventureros.
- Bien, ¿qué esperamos? ¡En marcha! – dijo Qerkólo con actitud, mientras se desperezaba.
Arion y Nirgal lo siguieron en sus monturas sin decir nada, no parecían estar tan seguros de la misión que tenían.
Cabalgaron a paso lento durante unas horas y cerca del mediodía se detuvieron a almorzar en tranquilidad, hasta que escucharon unos alaridos desgarradores. Se levantaron alarmados, se acercaron a la vera del camino y  pudieron observar que una campesina estaba siendo atacada por unos bandidos, seguramente asesinos y ladrones que se escondían en la espesura del bosque.
La mujer gritaba histérica mientras los malhechores revolvían y arrojaban las posesiones de la carreta al suelo con total violencia.
- Mmmm... Una damisela en peligro -observó el bárbaro, rascándose la barbilla.
Arion puso los ojos en blanco. Nirgal se ahorró las observaciones y fue directo a pelear con los atrevidos atacantes.
- ¡¡Espera, monje!! - llamó Qerkólo mientras salía corriendo tras Nirgal– ¡¡También quiero un poco de diversión!!
Los bandidos no se esperaron un ataque sorpresa y los decididos aventureros se lanzaron a luchar, excepto Arion que, como mago que era, se colocó en la retaguardia para arrojar sus hechizos de bajo nivel y sus flechas.
- ¡¡Malditos entrometidos!! Los asesinaremos con mucho gusto – exclamó el líder de la banda mientras reía groseramente, agitando por lo alto su espada oxidada.
Qerkólo tan sólo sonrió con gravedad y embistió junto a su valeroso perro que lo acompañó en el combate mordiendo las pantorrillas de los ladrones. Nirgal se defendió y propinó fuertes puñetazos y patadas al mejor estilo oriental. Arion convocó a su cuervo Nix a luchar, quien  picó frentes y ojos con avidez.
Los atracadores lograron lastimar a los nuevos aventureros, pero terminaron perdiendo y muriendo en el combate. Sus cadáveres quedaron esparcidos y sus armas torcidas y quebradas. Qerkólo, Nirgal y Arion se dedicaron a examinar los cuerpos y lograron sacarles un poco de oro (seguramente robado a otras víctimas).
- Noble damisela, ¿qué hacías tan sola por estas regiones? -preguntó el bárbaro a la aterrada campesina, que no dejaba de temblar.
- ¿Noble damisela? - dijo Nirgal mientras arqueaba una ceja – Para mí no tiene honor, no me extraña que la hayan asaltado.
- ¡Nirgal! -exclamó Arion, enojado - ¿Cómo le vas a decir así? ¿No ves que está asustada?
El monje sólo se encogió de hombros y se puso a inspeccionar la carreta de la campesina.
- Yo sólo volvía del reino de Shetam porque comercio prendas – Contó la campesina – les agradezco la ayuda prestada, les daré unas ropas en agradecimiento, es todo lo que puedo ofrecerles.
- Ropas... -bufó Arion por lo bajo- tanto trabajo para obtener ropas de aldeano.
El resto del grupo aceptó las sencillas prendas y continuaron su camino. Viajaron tranquilamente hasta la tarde, cuando llegaron a un amplio camino de tierra bordeado por altos árboles que generaban una agradable y fresca sombra.
- ¡Ahh! ¡La Ciudad Templo! – suspiró Arion y sonrió ampliamente – Siempre soñé con conocer este lugar.
- Espero que haya un templo de Obad-Hai, seguro ellos nos ayudarán – dijo Qerkólo con cierta inseguridad, su aspecto no era el de una persona muy religiosa.
Después de cabalgar otro rato, llegaron a una gran construcción de forma circular donde se hallaban los recintos de las religiones más importantes de aquel mundo, tanto las buenas como las malas. En ese lugar estaba prohibido pelear o hacer guerras y reinaba la tolerancia.
- Bien, llegamos. Yo me voy al templo de mi dios – Qerkólo se bajó de su caballo y se dirigió al santuario de Obad-Hai que tenía una decoración naturista. Observó que no había nadie a la vista, entonces decidió orar y dar una ofrenda de cerveza sobre el altar principal.
- ¡Detente, hermano! -resonó una voz en el recinto y el bárbaro se encontró ante un grupo de sacerdotes con grandes mascaras de madera decoradas con elaboradas hojas de lechuga talladas y coloreadas con un verde gastado; sus túnicas eran pardas. Tenían un aspecto humilde e impactante al mismo tiempo, debido a las grandes mascaras.

-¿Qué te trae a nuestro humilde templo? -preguntó uno de los sacerdotes.
- Bien... Yo vine hasta aquí buscando consejo acerca de una misión que se me ha encomendado -explicó Qerkólo, un tanto asustado – Con mis compañero tenemos la tarea de capturar a un malhechor llamado Krull.
- Mmmmm... ¿Dijiste Krull? -preguntó con cierto temor el sacerdote que estaba más cerca.
- Sí, así es.
- Qué desgracia – se lamentó otro monje.
- Realmente es una desgracia que este nigromante destruya las buenas acciones de Obad-Hai -dijo el sacerdote que estaba al frente de Qerkólo – Krull se hizo adepto de varias religiones, entre ellas de nuestro sagrado Dios. Su accionar fue para obtener poderes de las órdenes a las que se consagraba. La Ciudad Templo está al tanto de las andanzas de este maldito. Lo único que te podemos decir es que hay que detenerlo cuanto antes porque anda tras brujerías negras y terribles que tienen como único objetivo destruir el equilibrio que tanto nos cuesta mantener.
-Te podemos ayudar dándote un poco de agua bendita para que la utilices cuando tengas heridas -dijo uno de los sacerdotes mientras sacaba una pequeña botella de su túnica y se la extendía al sorprendido bárbaro.
- Muchas gracias, hermanos, la información que me han brindado es de gran ayuda, estoy en deuda con ustedes -agradeció Qerkólo, haciendo una amplia reverencia. Les entregó una pequeña donación, salió del recinto y fue a buscar al resto de sus compañeros y mascotas. En el camino se topó con un templo de paredes oscuras, no parecía ser algo bueno; se asomó y vio un grupo de hombres tapados con raídas túnicas negras que susurraban algo. El bárbaro sacó su dado, hizo una tirada de escuchar y tuvo éxito.
- Debemos tener cuidado con esta parte, hay gente que está al tanto de nuestra misión y Krull no quiere que se sepa más acerca de sus planes – dijo uno por lo bajo.
- Sí, sí, ya lo sabemos. Ahora que está en la guarida de las Montañas Pardas, espera reunir todas las Reliquias. Y ya está cerca de obtener esa sangre -respondió impaciente el más alto del grupo.
- ¡shhh! Me parece que vi a alguien en la puerta -alertó uno de ellos.
Qerkólo escuchó la advertencia y salió corriendo, logrando escapar de la vista de aquellos siniestros sujetos.
Arion lo encontró escondido y alerta, tras una columna.
-¿Qué haces ahí? Te estuvimos buscando por todas partes.
- Nada, nada, ya les cuento algo que averigüé. Vamos a un sitio más seguro -dijo el guerrero algo alterado aun.
El mago y el bárbaro se alejaron lo más que pudieron de las ermitas y luego de un momento se les unió Nirgal, que llegó hasta donde estaban de forma bastante lenta, como si meditara mientras caminaba.
- Hermanos, ¿Por qué los observo tan ansiosos? ¿Es qué ha sucedido algo malo? - Preguntó el monje con su eterna paciencia, exasperando a Arion, como siempre.
- Sí, sí – afirmó Qerkólo – Nos enteramos de que Krull está en las Montañas Pardas y está en la búsqueda de una “sangre”.
- Entonces, es simple: debemos ir de inmediato e interceptar a Krull -dijo Nirgal impasible, como si atrapar a un nigromante fuera tan sencillo como rebanar una manzana.
- Sí, Nirgal, debemos ir, pero con cuidado -advirtió Arion.

Al estar los tres aventureros de acuerdo, emprendieron su viaje a las Montañas Pardas, que se alzaban a lo lejos hacia el norte, amenazantes y oscuras. Seguramente nada bueno podía ocultarse allí.








martes, 12 de abril de 2016

Una misión inesperada

Luego de caminar unos metros, Nirgal se paró e invitó a sus nuevos compañeros:
-Bueno, creo que tal vez deberíamos ir a la taberna de Jhonn, seguro puede decirnos algo, ya que yo le hago zapatos y me debe dinero– comentó en voz alta el monje.
- Mientras haya cerveza de por medio – acotó Qerkólo con una sonrisa.
 Los tres se encaminaron a la taberna de Jhonn. Nirgal se acercó al mostrador, mientras que el mago y el bárbaro se acomodaban en una mesa.
- Hola, Jhonn, ¿Cómo estás? - saludo Nirgal con una sonrisa que solo descubrió unos grandes dientes que no lo favorecían en absoluto.
- ¡Eh! Hola, Nirgal, ya te pago los zapatos que me hiciste, salieron muy buenos. Creo que deberías poner una zapatería y abandonar ese “asunto” de la iluminación, consejo de amigo... – dijo Jhonn con bondad.
Nirgal no hizo caso al comentario del tabernero y continuó:
- ¿Sabes algo acerca de lo que sucedió en el Puesto Este?
El cantinero siguió secando las pintas de cerveza pensativamente, hasta que contestó al final:
- Sí, un asunto grave: al parecer vino un sujeto malicioso a la ciudad y robó una vieja reliquia del alcalde. No tengo idea qué será, pero ya algunos conocidos me comentaron que está como loco y  es  seguro que pondrá gente a buscar ese objeto. ¿Vas a tomar algo? ¿Tus amigos?
- Sí, sí, danos tres pintas de buena cerveza – Nirgal recibió las jarras y se dirigió a la mesa donde estaban Arion y Qerkólo.
- El buen tabernero me dijo que un sujeto extraño entró a la ciudad y se robó una reliquia del alcalde. Y parece que es grave – comentó despreocupado el monje.
- Corrección, monje -dijo el bárbaro – un sujeto que ME ATACÓ y robó la reliquia...
Arion suspiró impaciente.
Mientras charlaban los tres, entró un guardia a la taberna y clavó un gran anuncio de pergamino en una de las columnas de madera.
- ¡Me muero por saber qué dice ese cartel! - exclamó decepcionado el corpulento joven.
- No me extraña que solo tengas músculo y nada de cerebro – rió Arion despectivamente – ya leeré yo – A continuación, el mago se acercó al anuncio, lo leyó rápidamente y regresó a la mesa.
- Es una solicitud de aventureros que quieran recuperar la reliquia perdida y dar caza al tal Krull que atacó... Interesante... hay que presentarse en la Puerta Oeste de la ciudad.
- ¡Yo quiero participar! Así vengo ese ataque injusto de ese sujeto tan desagradable – gritó el bárbaro mientras alzaba sus manos amenazantemente.
- A mí me interesa también, los designios de Saint Cuthbert me obligan a castigar a quienes cometen atrocidades -dijo el monje mientras cerraba los ojos.
- Yo no estoy muy segura...-masculló Arion.
- No seas cobarde, mago, sino ¿cómo ganarás gloria para ti mismo? -increpó el bárbaro con una sonrisa socarrona.
Arion sólo le dirigió una mirada cansada y siguió bebiendo su espumosa cerveza, mientras por su mente pasaban pensamientos vengativos hacia el guerrero.

Después de que terminaron de refrescarse con las buenas pintas de la Taberna de Jhonn, se dirigieron a la Puerta Oeste. Ya era de noche y poca gente circulaba por las calles de Kassen. Cuando finalmente llegaron se presentaron ante la ventanilla del puesto de guardias.
- ¿Buenas noches? -preguntó Qerkólo, mientras buscaba con la mirada alguien que los atienda.
Después de unos momentos, apareció un guardia rechoncho, mal afeitado y con la mirada cansada. La armadura le quedaba un poco ajustada y se notaba el evidente sobrepeso a través de las ranuras de metal.
- ¿Qué necesitan a estas altas horas de la noche? - preguntó con gran desdén.
- Ejem... – carraspeó Arion -Venimos por la solicitud del alcalde de aventureros para la misión de recuperar la reliquia y apresar al bandido que la robó.
- ¡¡¡jajajajajaja!!! - se rió con estrépito el soldado, mientras sus abultadas carnes se movían de un lado a otro -¿Ustedes? ¿Ustedes pretenden ir a la misión?
Los tres lo miraron con absoluto desdén mientras cruzaban sus brazos.
- Disculpen, disculpen – dijo, mientras se secaba las lágrimas causadas por la risa – ya les doy el formulario de inscripción así puedan anotarse.
- Una pregunta, señor... ¿Qué beneficios nos reportará en caso de tener éxito? ¿Nos brindarán dinero para financiar esta búsqueda? - preguntó Arion con seriedad.
- Mira, niña, Kassen no es una ciudad rica, así que sólo les podemos ofrecer un poco de oro para sus gastos, una que otra montura y raciones de carne seca. Y por supuesto, si tienen éxito, serán cubiertos de honores y reconocimiento -respondió el guardia rápidamente mientras agitaba su dedo índice frenéticamente. Luego les extendió tres formularios para que se inscribieran y anotaran sus nombres.
Qerkólo miró confundido el papel que le dieron, para él sólo era un conjunto de símbolos confusos sin sentido alguno. Lo giró para un lado, luego al otro mientras levantaba una ceja y torcía su boca en una mueca, luego se rascó la cabeza.
- ¿Qué pasa, guerrero? ¡Ahhh! Cierto... No sabes escribir. -comentó Arion con una leve sonrisa maligna.
- No... -afirmó sumamente avergonzado mientras sus mejillas se teñían de un rosa violento.
- Sólo firma con una cruz, muchacho– espetó el soldado mientras se apuraba en guardar los papeles  -Vengan por la mañana a retirar las posesiones para el viaje.

Luego de inscribirse para tan importante empresa, cada uno se fue por su lado: Qerkólo se dirigió a su casa a descansar, durmiendo abrazado a su espada y a Osito Gur; Nirgal se dedicó a meditar en el templo con profundos oms que hacían vibrar todo a su alrededor; y Arion fue al santuario, donde obtuvo agua bendita para realizar curaciones.
A la madrugada, los tres se encontraron en la puerta del Puesto Oeste a la espera de los elementos prometidos que los ayudaría en la misión. Luego de un rato, apareció el guardia rechoncho y les dio un mapa, veinte piezas de oro,  diez raciones de viaje a cada uno y tres caballos: uno negro que lo tomó Qerkólo, el de color blanco Nirgal y el pardo quedó para Arion.
Una vez que obtuvieron todas las pertenencias, Nirgal dijo con su habitual tranquilidad que lograba exasperar a Arion:
- Creo que deberíamos ir al templo de Saint Cuthbert a preguntarle a mi maestro acerca de los extraños sucesos, tal vez sepa algo, es viejo y sabio.
- Si, ¿por qué no? -aceptó Qerkólo mientras se alzaba de hombros.
Se dirigieron al viejo santuario de los monjes, una antigua construcción de piedra blanca un tanto derruida que carecía de puertas pues los monjes tenían como filosofía que el conocimiento y la sabiduría no debían tener obstáculos.
Ingresaron al lugar y el interior era tan simple como el exterior, sin adornos: sólo paredes blancas y pulidas que daban sensación de iluminación. En el centro había una fuente redonda de roca gris con agua en su interior y al frente de ella se hallaba un venerable monje meditando, envuelto en sus grises harapos.
-¿Maestro? -llamó Nirgal con voz suave.
El anciano abrió los ojos lentamente y esbozó una amplia sonrisa.
- Nirgal, mi querido aprendiz, ¿Qué haces a tan tempranas horas?
- Maestro, he venido al templo con mis compañeros a preguntar acerca de los extraños sucesos que han pasado por nuestra tranquila ciudad -dijo Nirgal con gran preocupación.
- ¡Oh! sí... es realmente terrible. Lo más grave, Nirgal, es que Krull fue un antiguo aprendiz de Saint Cuthbert y desgraciadamente su alma albergaba la semilla del mal, que brotó ante la menor insinuación de las fuerzas oscuras, me siento tan decepcionado -relató en viejo monje con gran pesar en su mirada.
Los tres se miraron desconcertados.
- ¿Y tiene alguna información acerca de su destino? -preguntó Arion con sumo interés.
- Las aves y los seres bondadosos nos hicieron llegar noticias de que tiene su guarida en las Montañas Pardas, al este de aquí. Ciertamente hay que detenerlo, pues sabemos que trama algo realmente malvado que nos afectará a todos -El anciano parecía muy agotado y preocupado.
- Bueno, Maestro, tal vez podamos hacer algo mis compañeros y yo -dijo Nirgal con esperanza.
- Ojalá así sea, mi querido aprendiz, ve y cumple con los designios de Saint Cuthbert -manifestó mientras palmeaba el hombro de su estudiante – te voy a brindar el agua sagrada de la fuente de la sabiduría, bébela cuando necesites curarte -el viejo monje se acercó a la fuente, guardó el agua sagrada en una pequeña botella de vidrio y se la entregó a Nirgal.
- Muchas gracias, Maestro. Espero poder cumplir con los propósitos de nuestro protector – agradeció Nirgal mientras inclinaba su cabeza para recibir la bendición divina de su piadoso guía.

Luego de haber reunido esa valiosa información, se dirigieron a las afueras de Kassen y entre los tres acordaron que irían a la Ciudad Templo antes de dirigirse a la Montañas Pardas, seguramente los altos sabios de la ciudad sagrada les podrían dispensar algún buen consejo divino.